Nacido
1856 m. gegužės 28 d.
Fallecido
1931 m. gruodžio 5 d.
Fiesta litúrgica: 5 de diciembre
Pilipas conocía al P. Bosco, sin embargo, sólo se dejó conquistar por él a los 21 años, cuando aceptó la invitación de convertirse en sacerdote salesiano.
Ordenado sacerdote en 1882, se le encomendó la educación de sus hermanos aspirantes al sacerdocio. Después del P. Tras la muerte de Bosco, a partir de 1889, doce años extendieron sus actividades en España y Portugal. 1901 El rector principal, p. Rua lo nombró Vicario General y Tesorero. El intenso trabajo no le impidió convertirse en un maravilloso líder espiritual al servicio del sacerdote. Dio un nuevo impulso a la Familia Salesiana, enriqueciéndola con una maravillosa institución de laicas consagradas: el P. Voluntarios del Bosco.
En 1922 fue elegido Rector Titular y se dedicó especialmente a la educación de los Salesianos y a la devoción al siervo de Dios, el P. Bosco (que fue beatificado en 1929) para difundir, enfatizando la vida espiritual, la unidad con Dios, la misión de la juventud y la confianza ilimitada en María Auxiliadora. ¡Qué brillante el P. Heredero de Bosco, supo leer los "signos de los tiempos" y adaptarse a ellos con valentía.
Murió en Turín. Juan Pablo II fue beatificado en 1990.
"El Padre Bosco unió perfectamente su actividad exteriormente abierta, extensa y responsable con una espiritualidad interior, que comienza con la conciencia de la presencia de Dios y que poco a poco se hace actual, constante y viva, convirtiéndose en una perfecta unión con Dios. De esta manera, realizó perfectamente en sí mismo una contemplación activa, un éxtasis de actividad en el que pereció hasta su último aliento por la salvación de las almas. La luz del Padre Bosco y el equilibrio le dieron intuiciones claras y precisas incluso en las cuestiones más difíciles, porque nunca dejó de estar profundamente inmerso en la presencia de Dios y unido a su amor”. (P. Pilipas Rinaldis)
"Decídete a hacer el bien, para que hasta el más mínimo acto nuestro sea aceptable a Dios. Los hombres olvidan a menudo el bien que se les ha hecho, pero Dios no. Él se da cuenta incluso de un vaso de agua fresca que se le da por amor a Él y prepara una recompensa por ello". (P. J. Bosco)